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Poder y arrogancia

Queria compartir este excelente articulo que escribio Ines Temple hace ya un tiempo , pero cuya vigencia, sin duda, va a perdurar durante un buen tiempo. ¡Buen provecho!

Poder y arrogancia

Uno de los principales retos de quien ostenta un cargo con poder es mantenerse lúcido y claro sobre la fuente del mismo y su duración. Y es que muchas personas tienden a olvidar que el poder no es inherente a uno mismo, sino al cargo o a la función que se cumple. Las manifestaciones externas del poder confunden y seducen a punto de olvidar que toda posición es pasajera, tiene un comienzo y un fin.

Y muchos olvidan también que el poder no es sino un medio para cumplir una misión, para servir un propósito definido, para servir a un fin mayor, no para disfrutarlo en beneficio propio, olvidando incluso muchas veces a quienes nos lo otorgaron o ayudaron a obtenerlo o, peor aun, al propósito de servicio que lo define.

Quienes detentan el poder muchas veces creen que son invulnerables al fracaso o que, porque ya lo tienen, no deben preocuparse por seguir creciendo, desarrollándose o preparándose para cuando ese poder acabe. Creen que su éxito de hoy garantiza el de mañana y olvidan que el mejor momento para crecer y cambiar es cuando a uno le va bien. Y es que si bien el poder se alcanza gracias a habilidades, logros o resultados, en ese esfuerzo también crecen nuestros defectos y debilidades. Olvidan que cuando se pierde el poder, tiende a ser irremediablemente tarde.

Vemos esto en ejecutivos, profesionales, empleados privados o públicos, quienes descuidan sus carreras, su desarrollo y sus contactos en la fantasía de que el poder les durará siempre. Ellos incluso adoptan conductas arrogantes, que son una falta de respeto de fondo a las personas que los rodean, afectando no solo la consecución de sus metas inmediatas, sino que dañan irremediablemente sus relaciones con personas a corto y largo plazo.

Muchas personas con problemas de arrogancia olvidan la importancia de mantener relaciones óptimas con personas de todo nivel, descuidando su imagen, posicionamiento profesional y otros aspectos políticos de sus carreras. Olvidan a los amigos de siempre, dejan de devolver llamadas, contestar correos, ayudar a quien se puede. Cada llamada no devuelta o amigo desatendido nos será cobrado más adelante y con intereses.

Uno tiende a asociar al poder con los políticos, con los grandes empresarios o los gerentes importantes, pero todos aquellos que de alguna manera tenemos que tomar decisiones que afectan a otros podemos cometer los mismos errores. Todos quienes tenemos responsabilidad de otorgar, negociar, asignar, controlar, informar, comprar, decidir, supervisar y elegir, estemos en el nivel que estemos, corremos el mismo riesgo.

El poder aísla, muchas veces incomunica, y puede hasta hacernos insensibles al dolor ajeno. Eso no solamente daña a quienes están a nuestro alrededor y a nuestras relaciones con ellos, sino a nosotros mismos en la continuidad de nuestro desarrollo profesional y personal. No perdamos de vista que el mercado local es muy chico para generarnos gratuitamente enemigos o gente que espera nuestra caída para cobrarse las ofensas recibidas.

La vanidad que puede traer el poder hace que nos acostumbremos a escuchar solo a quienes nos dicen lo que queremos escuchar, sin valorar opiniones divergentes, desconectándonos de la realidad, del mercado y de la organización y, peor aun, convirtiéndonos en inflexibles víctimas de nuestro propio éxito.

Cuando el medio que nos rodea y la posición que ostentamos nos hace sentir por encima del resto en conocimientos, experiencia o calidad de decisiones, la arrogancia nos inutiliza.

Por ello, quien tiene el poder enfrenta el gran reto de mantenerse muy lúcido frente a sus fortalezas, debilidades, cualidades y defectos, manteniendo su perfil profesional vigente, desarrollando nuevas competencias y un equilibrio interior para no perder vigencia.
Mantener una actitud de aprendiz permanente, recordando que el poder está dado para hacer, para servir a muchos con coherencia, ética y principios, nos protege a nosotros mismos de la arrogancia del poder

Add comment Marzo 10, 2008


Acerca de




ALBERTO SUAREZ, Sociologo de la UNMSM, becario de la Red para las Ciencias Sociales, con estudios en Marketing en la PUCP y la UPC. Trabajo en la Corporacion El Comercio desde el año 2000, habiendo participado en el desarrollo de los diarios Trome y Perú 21 . Actualmente me desempeño como Analista de Mercado del diario El Comercio.

 

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